Cada hombre, mujer, joven y niñ@ tiene el derecho a la educación. Pero no siempre ha sido así o, al menos, no siempre ha sido una obligación y un deber. A lo largo de la historia y alrededor del mundo, la educación ha sido un privilegio que dependía de las capacidades económicas de cada familia. Durante demasiado tiempo, los más pobres sólo han podido estudiar gracias a la caridad y/o a las congregaciones religiosas.

A nivel internacional, se empezaron a escribir tratados, pactos y declaraciones después de la Segunda Guerra Mundial, (en pleno siglo XX) de la mano de las Naciones Unidas y la UNESCO. La Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño recogen diversos artículos que establecen que la educación es fundamental para todo ser humano porque promueve la libertad, la autonomía personal y el desarrollo, además de ser esencial para poder ejercitar todos los demás derechos.

A pesar de ello, millones de niños y adultos siguen sin oportunidades educativas, en muchos casos por culpa de la pobreza o de la discriminación racial y/o sexual. El último estudio de UNESCO cifra en 58 millones los niños y niñas entre 6 y 11 años sin escolarizar en el mundo. Y calculan que de éstos, un 43% probablemente nunca pisarán un aula, si se mantienen las tendencias actuales.

En los últimos 100 años se ha mejorado muchísimo -estos vídeos son un ejemplo- pero queda todavía mucho camino por recorrer.

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